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Una ola de indignación ha acogido la última muestra de arte blasfemo tan pródigo últimamente en España: un supuesto artista de Pamplona robó sacrílegamente 242 hostias consagradas (por el sencillo procedimiento de ir a Misa y guardarlas en lugar de consumirlas), y formó con ellas la palabra “pederastia”. Por supuesto, con subvención pública, de Bildu, un grupo de ultra izquierda.

La “blasfemia artística” está de moda también en Italia: En el Photolux Festival de Lucca, del 21 de noviembre hasta el 13 de diciembre próximo se expone otro “clásico blasfemo” que ya ha pasado también por España: “Piss Christ”, una fotografía realizada por Andres Serrano, fotógrafo estadounidense, que ha inmortalizado un crucifijo metido en un vaso lleno de orina.

Son años que esta obra crea escándalo. Sucede desde su primera exposición en 1987 en EE.UU., donde el caso fue llevado hasta el Congreso. Esta vez, dos representantes de la Liga Norte italiana afirmaban en una nota que es “inadmisible que se apoyen iniciativas de este tipo, donde se exponen obras que ofenden gravemente al cristianismo”. Para el director de la muestra, por supuesto, la obra merece ser expuesta pues “el espíritu del festival es el del equilibrio en un contexto de libertad”.

Símbolos cristianosPero lo más increíble es que las mismas autoridades que han dado el “placet” al “Piss Christ” – el gobierno regional de la Toscana, esta vez a través del Consejo Escolar – decidía, el pasado 9 de noviembre, prohibir una visita programada por la escuela Matteotti de Florencia para niños entre 9 y 10 años a la muestra “Belleza Divina”, sita actualmente en el Palazzo Strozzi de Florencia.

¿Por qué se prohíbe la entrada a una muestra artística que reúne a obras de Van Gogh, Chagall, Fontana, pero también Picasso, Matisse y Munch? La respuesta de las autoridades: “para respetar la sensibilidad de las familias no católicas” (La Nazione, 13 de noviembre).

Los primeros indignados han sido la gran mayoría de los padres: “¿Nuestros hijos ya no podrán estudiar historia del arte, porque gran parte del mismo se basa en el arte sacro?”. También el alcalde de Florencia, Dario Nardella, criticó la medida desde su perfil de Facebook.

¡Sorpresa! El imán Izzedin Elzir (jefe de la comunidad islámica florentina y presidente del Ucoii), desmonta la tesis: “Yo y mis hijos iremos a la muestra, e invito a todos a ir. A menudo se cancelan estas visitas para no molestar, pero repito por enésima vez que el crucifijo para un musulmán no es algo que no se respete, lo respetamos porque es un símbolo de una fe religiosa, y nosotros respetamos la fe y el símbolo de la fe”.

¿No será que el laicismo juega a atizar los conflictos religiosos para camuflar su propia alergia contra todo lo que huela a trascendente?

Fuente: Aleteia.org, 23 de noviembre de 2015

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