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Libertad Religiosa - Noticias de 2007

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Según el arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante Naciones Unidas, las limitaciones a la libertad religiosa presentes todavía hoy en varios países son para la Santa Sede un síntoma de la falta de paz. Esta afirmación la dijo tomando la palabra el pasado día 30 de octubre de 2007 en la 62ª Asamblea General de la organización internacional, sobre La cultura de la paz.

El derecho a la libertad religiosa, explicó, «no puede ser sujeto al capricho humano». «Las dificultades que muchos seguidores de varias religiones encuentran todavía frecuentemente al ejercer libremente el propio derecho a la libertad religiosa, son un síntoma alarmante de la falta de paz», denunció. «No sólo son obstáculos en el ejercicio público de este derecho -añadió-; en algunos lugares son perseguidos y sujetos a violencias».

El diplomático observó que «se viola un derecho humano fundamental, con serias repercusiones para la coexistencia pacífica, cuando un estado impone una religión a todos y prohíbe todas las demás, o cuando un sistema secular denigra las creencias religiosas y niega el espacio público a la religión».

Por su parte, las religiones «están llamadas a trabajar por la paz y a promover la reconciliación entre los pueblos». «Frente a un mundo lacerado por el conflicto, las religiones no deben convertirse nunca en vehículo de odio, y no pueden nunca justificar el mal y la violencia, invocando el nombre de Dios».

El prelado recordó el «estrechísimo vínculo entre la paz y el respeto a los derechos humanos fundamentales».

Los éxitos obtenidos en el campo de los derechos humanos, observó, «indican que la inseparabilidad entre la paz y el respeto a los derechos y la dignidad de la persona es ahora aceptada como evidente, universal e inalienable». El respeto de la dignidad humana es «la más profunda base ética de nuestra búsqueda de la paz y de la construcción de relaciones internacionales que correspondan a los requisitos de nuestra común humanidad».

El hecho de olvidar o aceptar de modo parcial y selectivo este principio de fondo, recordó el arzobispo, está en la base de los conflictos, de la degradación ambiental y de las injusticias sociales y económicas. Dado que los derechos humanos «se basan en requisitos objetivos de la naturaleza dada al hombre», «las leyes contrarias a la dignidad no pueden nunca ser aceptadas y el progreso en cada campo no puede ser medido por lo que es posible, sino por su compatibilidad con la dignidad humana».

La Carta de la ONU, recordó, exhorta a la organización a ejercer el liderazgo en la promoción de los derechos humanos. «Al hacerlo, no debe perder de vista el principio por el que estos derechos se consideran justos», no por quienes tomaron la decisión, «sino porque derivan de la dignidad inalienable de cada persona humana».

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