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Libertad Religiosa - Libertad y laicismo

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Palacio de La Granja (España)Uno de los principios básicos de la democracia es, que duda cabe, el pluralismo: que las diferentes opciones que forman parte del espacio público puedan convivir racionalmente, cada una de acuerdo con sus diferentes puntos de vista sobre las más variadas cuestiones de la vida social, política y económica. En este marco, la separación entre Iglesia y Estado, que son dos instituciones que tienen finalidades diferentes, aunque no incompatibles, se expresa a través de la aconfesionalidad. El Estado no tiene religión oficial, no toma partido en las cuestiones relativas a la libertad religiosa, que es un derecho fundamental del que deben disfrutar los fieles de las diferentes confesiones. Que el Estado no tenga religión oficial quiere decir, entre otras cosas, que ha de practicar una laicidad abierta que haga posible que el derecho de libertad religiosa y el despliegue de las diferentes religiones sea posible. Es decir, los poderes públicos, que no son ajenos a propiciar espacios para que los ciudadanos puedan ejercer sus derechos y libertades, han de crear las condiciones para que la libertad en todos los ámbitos sea efectiva. Sin embargo, en este tiempo los nuevos doctrinarios de la religión civil han encontrado un espacio para resucitar viejas y periclitadas ideas con el fin de resucitar la ancestral polémica del laicismo.

Resulta que ahora es posible imponer desde el Estado una serie de convicciones que afectan al orden moral. Algo que es incoherente con la teoría de que el Estado no puede tener religión alguna. Sin embargo, quienes sostienen tales ideas no tienen empacho en subrayar que la ilustración, que es la nueva Iglesia, dispone de una serie de verdades de fe civil que han de ser seguidas a pies juntillas por todos los ciudadanos como dogmas que aseguran el ingreso a la modernidad. ¿Por qué son superiores civilmente los dogmas de los nuevos iluminados a otras maneras de entender el mundo y el hombre? ¿Por qué el Estado, ahora, en el siglo XXI, se declara, aquí en España, con la asistencia del espíritu del laicismo, capaz de imponer determinadas opiniones, por ejemplo, a todos los estudiantes? ¿En virtud de que revelación o iluminación cívica expone verdades que han de ser creídas para la salvación civil? En este contexto, los nuevos sacerdotes de la religión civil siguen, erre que erre, con la cantinela de que la Iglesia Católica aspira a seguir imponiendo sus convicciones a todos los ciudadanos. Algo que es sencillamente falso porque la Iglesia lo que hace es cumplir su fin de formación religiosa para sus fieles y, de paso, presentar sus puntos de vista sobre cuestiones que afectan a la conciencia moral de sus seguidores. Sin embargo los nuevos inquisidores lanzan todo tipo de excomuniones laicas a la Iglesia cuando ésta manifiesta sus opiniones sobre temas como el aborto o la eutanasia, por ejemplo. El dogma básico de esta nueva religión civil es que sólo compete al poder diseñar el espacio de la opinión pública. Cuando no les gusta el criterio de la Iglesia, no dudan en reclamar silencio, como si estuviera prohibido expresarse en un espacio que es del domino y de la propiedad de esta nueva Iglesia civil que pretende expedir certificados de educación cívica a quien le venga en gana.

Desde luego, no corren buenos tiempos ni para la libertad ni para el pluralismo. Por el contrario, el pensamiento único sigue avanzando y, como no se detenga, dentro de poco tendremos que acostumbrarnos a que quien no siga los dictados del poder sufra las consecuencias. Por lo pronto, los centros educativos concertados, si quieren seguir percibiendo subvenciones públicas para continuar realizando tareas de evidente relevancia general, tendrán que pasar por el aro del modelo educativo oficial único. Parece mentira, tantos años de lucha por la libertad, tantos socialistas que se han dejado la piel por la libertad y ahora, en el seno del radicalismo que nos desgobierna, el pensamiento único en estado puro.

Artículo publicado en La Región, Orense (España) 29 de agosto de 2008

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