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Libertad Religiosa - Libertad y laicismo

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En el debate social y político, en la situación actual de España, hay con frecuencia confusión entre laicidad y laicismo, entre aconfesionalidad del Estado y realidad religiosa de los ciudadanos.

En esta Carta desde la fe quiero clarificar el tema, a la luz de la doctrina social de la Iglesia y de la reciente Instrucción de la Conferencia Episcopal Española Orientaciones morales ante la situación actual de España.

La Iglesia defiende y apoya el principio de sana laicidad del Estado, que se fundamenta en la distinción entre los planos de lo secular y religioso. El Concilio Vaticano II reconoce la justa autonomía del orden temporal (cfr. Gaudium et Spes 36) y afirma la independencia y autonomía de la comunidad política y la Iglesia en su propio terreno, a la vez que reclama la mutua colaboración, porque Iglesia y Estado, aunque por diverso título, están al servicio de la vocación personal y social del hombre (cfr. Gaudium et Spes 76). Así lo recoge también nuestra Constitución Española del año 1978, en el Artículo 16.3. “Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”.

Estado laico es el que tiene neutralidad religiosa positiva, respeta y reconoce la realidad religiosa de los ciudadanos que profesan distintas creencias. Estado laicista es el que es beligerante y hostil contra la religión, excluyéndola de la vida pública y reduciéndola a una opción privada. ¡Laicidad sana no es lo mismo que laicismo beligerante!

Los obispos españoles acabamos de escribir en la reciente Instrucción Pastoral titulada Orientaciones morales ante la situación actual de España: “En no pocos ambientes resulta difícil manifestarse como cristiano: parece que lo único correcto y a la altura de los tiempos es hacerlo como agnóstico y partidario de un laicismo radical y excluyente. Algunos sectores pretenden excluir a los católicos de la vida pública y acelerar la implantación del laicismo y del relativismo moral como única mentalidad compatible con la democracia. Tal parece ser la interpretación correcta de las dificultades crecientes para incorporar el estudio libre de la religión católica en los currículos de la escuela pública. En este mismo sentido apuntan las leyes y declaraciones contrarias a la ley natural, que deterioran el bien moral de la sociedad, formada en buena parte por católicos, como es el caso de la insólita definición legal del matrimonio con exclusión de toda referencia a la diferencia entre varón y mujer, el apoyo a la llamada “ideología de género”, la ley del “divorcio exprés”, la creciente tolerancia con el aborto, la producción de seres humanos como material de investigación, y el anunciado programa de la nueva asignatura, con carácter obligatorio, denominada “Educación para la ciudadanía”, con el riesgo de una inaceptable intromisión del Estado en la educación moral de los alumnos, cuya responsabilidad primera corresponde a la familia y a la escuela” (n. 18).

Los obispos españoles manifestamos en esta Instrucción Pastoral el deseo de que se pueda ir instaurando poco a poco el ordenamiento justo para que todos podamos vivir de acuerdo con nuestras convicciones, sin que nadie pretenda imponer a nadie sus puntos de vista por procedimientos desleales e injustos.

Vicente Jiménez Zamora es Obispo de Osma-Soria (España)

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