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Libertad Religiosa - Independencia de la Iglesia y el Estado

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Se veía venir desde hace tiempo. Que los Estados legalicen las uniones homosexuales incluso con estatuto de “matrimonio” es propio de la soberanía de las leyes estatales de cada país pero que se cometa el dislate por parte de algunos países de “obligar” a los ministros de confesiones religiosas, básicamente cristianas, a que celebren también “matrimonios” entre homosexuales, es el colmo del disparate.

Veamos lo que está sucediendo, sobre este tema, en los Estados Unidos de América, según dan cuenta algunos portales de Internet, en especial religionenlibertad.com:

"Los jueces lo imponen a votantes y cargos electos".

El 13 de mayo de 2014, el Tribunal Federal de Apelación para el Noveno Circuito ha ordenado al Estado de Idaho que empiece a celebrar «matrimonios» entre personas del mismo sexo el 15 de octubre de este año, una de las tantas decisiones con las que los jueces pisotean en nombre de los derechos de los homosexuales tanto la voluntad de las autoridades estatales elegidas por los ciudadanos, como de los mismos votantes que ya se expresaron en sentido contrario mediante un referendum.

El 15 de octubre, en Idaho, los homosexuales han empezado a «casarse», en el ayuntamiento. Pero bastaba leer las publicaciones LGBT para saber que, vencida la batalla con el Estado, sus lobbies y sus abogados se preparaban para combatir la siguiente, esta vez contra las iglesias y las comunidades religiosas, para obligar a los sacerdotes y a los pastores a «casarlos».

Dos pastores pentecostales bajo acoso.

Los días después de la fecha del 15 de octubre, el 17, dos homosexuales contactaron con los cónyuges Donald y Evelyn Knapp, pastores de la Iglesia del Evangelio Cuadrangular, en la risueña ciudad de Coeur d’Alene, Idaho.

Que la ciudad es risueña no es una simple nota de color. Goza de una extraordinaria posición sobre un lago que ofrece numerosos rincones pintorescos y románticos; además, está rodeada por altas montañas cubiertas de nieve durante varios meses. Celebrada en muchas canciones, Coeur d’Alene es una meta amada por los turistas, pero sobre todo por un turista particular. Se va a Coeur d’Alene para casarse, y para hacerse fotografiar vestidos de boda con su fondo de increíbles panoramas.

Por este motivo, una causa relacionada con matrimonios en Coeur d’Alene tiene todos los papeles para convertirse en un caso nacional.

Los Derechos de la práctica totalidad de los Estados occidentales, reconocen la libertad de cultos de las confesiones religiosas. Esto es que el Estado, en los países en el que los mismos no sustentan como tal ninguna religión, es decir, observan la laicidad, garantiza constitucionalmente la libertad religiosa, que incluye naturalmente el derecho a no creer.

Ahora bien, con el pretenso argumento que no se debe “discriminar” a los homosexuales, además de legislar reconociendo el matrimonio entre personas del mismo sexo ante la ley civil, en la esfera de su autonomía, ahora también se pretende avasallar a las confesiones religiosas, reitero, básicamente cristianas, para que celebren este tipo de uniones, lo que resulta inadmisible. Resulta inadmisible por la sencilla razón que en primer lugar las confesiones religiosas son independientes, responden a sus creencias y además han sido reconocidas por los Estados, o bien en sus Constituciones o bien por medio de las leyes, considerándolas asociaciones civiles desde el punto de vista del Derecho Positivo.

Por tanto, es una absoluta contradicción, reconocer por un lado su autonomía de la esfera estatal y por otro entrometerse en su liturgia y prácticas religiosas, a fin de obligar a sus ministros a acceder a las presiones del lobby LGTBI, que ya no le alcanza con que en algunos Estados se pueda celebrar el “matrimonio” entre personas del mismo sexo sino que, aún sabiendo que las confesiones cristianas no pueden aceptar tal práctica, por lo que surge de los Evangelios, pretenden obtener y ya han obtenido, tal inexistente “derecho”. Y este es un fenómeno típico de la dictadura del relativismo: meros deseos se quieren consagrar como presuntos derechos.

Adviértase que desde aquí a querer incriminar a los sacerdotes y pastores que se nieguen a tal práctica hay una delgada línea. Y como venimos de ver ya está sucediendo en algunos países con pastores evangélicos. En cuestión de un abrir y cerrar de ojos tendremos a obispos, sacerdotes y diáconos católicos presos por negar lo que la Iglesia Católica jamás podrá aceptar y ello porque se deriva de la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio: el matrimonio es un sacramento que se celebra entre mujer y varón.

En 2015, se ha encarcelado en Estados Unidos de América a una funcionaria que negó licencia de matrimonio a una pareja del mismo sexo por razones de objeción de conciencia, que es otro elemento fundamental en estos temas. A los pocos días fue liberada y se resolvió por la Corte que en el futuro dicha funcionaria no tendría obligación de autorizar la celebración de matrimonios entre personas del mismo sexo, resguardándose así el derecho a la objeción de conciencia.

Recientemente, en 2016, los pastores evangélicos de México ejercerán su derecho como ministros del culto de hacer objeción de conciencia negando las uniones gays, conforme a la Sagrada Escritura.

Esperemos que la razón no sea “desfigurada” por la ideología y se viole gravemente el derecho a la libertad religiosa.

Carlos Álvarez Cozzi es Catedrático universitario de Derecho, Uruguay.

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